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Burro

En la vida se toman decisiones, a veces son acertadas, otras veces son desacertadas, pero al final todas las decisiones parten de un mismo lugar, del lugar el cual son pensadas. Pensé un día, no recuerdo el día exacto que había llegado el momento  que por fin iba a poder estudiar una carrera. Estas decisiones no son tomadas a la ligera, es decir uno no se acuesta pensando «no estudio», y a la mañana siguiente piensa «estudio». Este pensamiento me ha ido acompañando durante muchos años de mi vida.

Aparecía y desaparecía, unas veces se quedaba un tiempo largo, pero enseguida se evaporaba, había otras cosas que hacer. El pensamiento volvió, últimamente insistía bastante, y al fin le hice caso. Así que el pensamiento y yo nos matriculamos, y muy bien, los dos estábamos muy excitados con la idea, -¡Por fin, me hiciste caso! me decía él. Y yo asentía, dándole la razón.

En todas las historias hay un «pero», ¿por qué? porque si no dejarían de ser historias. El caso es que el bordado me llama también. Todos los días, últimamente insiste bastante, y al final le hago caso. Están los dos en una lucha, que no sé yo. Intento calmarles a los dos, pero no hay manera. Son muy orgullosos y uno de los dos quiere ser el favorito. Por ahora les he dicho que vamos a dividirnos el día, un rato para uno y otro rato para el otro. No sé, creo que esto tampoco les convence, porque al final uno de los dos sale mal parado. ¡En fin! a ver si viene el verano y me quedo solo con el bordado, te confieso y que quede entre tu y yo, que es lo que más me apetece. Chssssss…